Paseo vallenato

A la escucha de ritmos vallenatos, al puro estilo regiomontano, de pronto me vi envuelto en una burbuja llena de surrealismo, en medio de un triángulo de vocalistas.

A mi lado, sentado junto a mí, un obrero entonando alegremente la canción que el chófer del transporte urbano humildemente nos compartía. Un poco delante mío, una joven susurraba la canción y, casi imperceptible, meneaba sus caderas al ritmo de la música. Un poco detrás, un joven cubierto de tatuajes entonaba la canción de manera que todos lo podíamos escuchar.

Y yo, casi sin darme cuenta, golpeteaba el asiento al ritmo colombiano-regiomontano.

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